31 de marzo de 2014

El siglo XX


PANORAMA GENERAL DEL SIGLO XX
 según el historiador Eric Hobsbawm


Mi propósito es comprender y explicar por qué los acontecimientos ocurrieron de esa forma y qué nexo existe entre ellos. (…) En efecto, en una gran parte del planeta, todos los que superan una cierta edad, sean cuales fueren sus circunstancias personales y su trayectoria vital, han pasado por las mismas experiencias cruciales que, hasta cierto punto, nos han marcado a todos de la misma forma.
El mundo que se desintegró a finales de los años ochenta era aquel que había cobrado forma bajo el impacto de la revolución rusa de 1917. Ese mundo nos ha marcado a todos, por ejemplo, en la medida en que nos acostumbramos a concebir la economía industrial moderna en función de opuestos binarios, «capitalismo» y «socialismo», como alternativas mutuamente excluyentes. El segundo de esos términos identificaba las economías organizadas según el modelo de la URSS y el primero designaba a todas las demás. (…)
¿Cómo hay que explicar el siglo XX corto, es decir, los años transcurridos desde el estallido de la primera guerra mundial hasta el hundimiento de la URSS (…)?
Ignoramos qué ocurrirá a continuación y cómo será el tercer milenio, pero sabemos con certeza que será el siglo XX el que le habrá dado forma. Sin embargo, es indudable que en los años finales de la década de 1980 y en los primeros de la de 1990 terminó una época de la historia del mundo para comenzar otra nueva. (…)
(…) el siglo XX aparece estructurado como un tríptico. A una época de catástrofes, que se extiende desde 1914 hasta el fin de la segunda guerra mundial, siguió un período de 25 o 30 años de extraordinario crecimiento económico y transformación social, que probablemente transformó la sociedad humana más profundamente que cualquier otro período de duración similar.
Retrospectivamente puede ser considerado como una especie de edad de oro, y de hecho así fue calificado apenas concluido, a comienzos de los años setenta. La última parte del siglo fue una nueva era de descomposición, incertidumbre y crisis y, para vastas zonas del mundo como África, la ex Unión Soviética y los antiguos países socialistas de Europa, de catástrofes. (…) Desde la posición ventajosa de los años noventa, puede concluirse que el siglo XX conoció una fugaz edad de oro, en el camino de una a otra crisis, hacia un futuro desconocido y problemático (…).
El contenido de este libro se ha estructurado de acuerdo con los conceptos que se acaban de exponer. Comienza con la 1ª guerra mundial, que marcó el derrumbe de la civilización  (occidental)  del siglo XIX. Esa civilización era capitalista desde el punto de vista económico, liberal en su estructura jurídica y constitucional, burguesa por la imagen de su clase hegemónica característica y brillante por los adelantos alcanzados en el ámbito de la ciencia, el conocimiento y la educación, así como del progreso material y moral. Además, estaba profundamente convencida de la posición central de Europa, cuna de las revoluciones científica, artística, política e industrial, cuya economía había extendido su influencia sobre una gran parte del mundo, que sus ejércitos habían conquistado y subyugado, cuya población había crecido hasta constituir una tercera parte de la raza humana (incluida la poderosa y creciente corriente de emigrantes europeos y sus descendientes), y cuyos principales estados constituían el sistema de la política mundial. Los decenios transcurridos desde el comienzo de la 1ª guerra mundial hasta la conclusión de la segunda fueron una época de catástrofes para esta sociedad, que durante cuarenta años sufrió una serie de desastres sucesivos. (…) Sus cimientos fueron quebrantados por dos guerras mundiales, a las que siguieron dos oleadas de rebelión y revolución generalizadas, que situaron en el poder a un sistema que reclamaba ser la alternativa, predestinada históricamente, a la sociedad burguesa y capitalista, primero en una sexta parte de la superficie del mundo y, tras la 2ª guerra mundial, abarcaba a más de una tercera parte de la población del planeta. Los grandes imperios coloniales que se habían formado antes y durante la era del imperio se derrumbaron y quedaron reducidos a cenizas. (…) [en 1929] se desencadenó una crisis económica mundial de una profundidad sin precedentes que sacudió incluso los cimientos de las más sólidas economías capitalistas y que pareció que podría poner fin a la economía mundial global, cuya creación había sido un logro del capitalismo liberal del siglo XIX. Incluso los Estados Unidos, que no habían sido afectados por la guerra y la revolución, parecían al borde del colapso.
Mientras la economía se tambaleaba, las instituciones de la democracia liberal desaparecieron prácticamente entre 1917 y 1942, excepto en una pequeña franja de Europa y en algunas partes de América del Norte, como consecuencia del avance del fascismo y de sus movimientos y regímenes autoritarios satélites.
Sólo la alianza —insólita y temporal— del capitalismo liberal y el comunismo para hacer frente a ese desafío permitió salvar la democracia, pues la victoria sobre la Alemania de Hitler fue esencialmente obra (no podría haber sido de otro modo) del ejército rojo.
Desde una multiplicidad de puntos de vista, este período de alianza entre el capitalismo y el comunismo contra el fascismo —fundamentalmente las décadas de 1930 y 1940— es el momento decisivo en la historia del siglo XX.
(…) El principal interrogante al que deben dar respuesta los historiadores del siglo XX es cómo y por qué tras la segunda guerra mundial el capitalismo inició —para sorpresa de todos— la edad de oro, sin precedentes y tal vez anómala, de 1947-1973. (…)
Aunque el hundimiento del socialismo soviético —y sus consecuencias, trascendentales y aún incalculables, pero básicamente negativas— fue el  acontecimiento más destacado en los decenios de crisis que siguieron a la edad de oro, serían estos unos decenios de crisis universal o mundial. La crisis afectó a las diferentes partes del mundo en formas y grados distintos, pero afectó a todas ellas, con independencia de sus configuraciones políticas, sociales y económicas, porque la edad de oro había creado, por primera vez en la historia, una economía mundial universal cada vez más integrada cuyo funcionamiento trascendía las fronteras estatales y, por tanto, cada vez más también, las fronteras de las ideologías estatales.
Concluye —como corresponde a cualquier libro escrito al comenzar la década de 1990— con una mirada hacia la oscuridad. El derrumbamiento de una parte del mundo reveló el malestar existente en el resto. Cuando los años ochenta dejaron paso a los noventa se hizo patente que la crisis mundial no era sólo general en la esfera económica, sino también en el ámbito de la política. El colapso de los regímenes comunistas (…) no solo dejó tras de sí una (…) zona dominada por la incertidumbre política, la inestabilidad, el caos y la guerra civil, sino que destruyó el sistema internacional que había estabilizado las relaciones internacionales durante cuarenta años y reveló, al mismo tiempo, la precariedad de los sistemas políticos nacionales que se sustentaban en esa estabilidad. Las tensiones generadas por los problemas económicos socavaron  los sistemas políticos de la democracia liberal, parlamentarios o presidencialistas, que tan bien habían funcionado en los países capitalistas desarrollados desde la segunda guerra mundial. Pero socavaron también los sistemas políticos existentes en el tercer mundo.”                                    

 Hobsbawm, E. - “Historia del siglo XX”

20 de marzo de 2014

Cronología del siglo XX

 En el siguiente enlace se encuentra una cronología de algunos acontecimientos importantes para entender el siglo XX, desde 1914 a 1991.

19 de marzo de 2014

Las corrientes ideológicas del siglo XIX

      La Revolución Industrial significó un amplio progreso de la economía europea porque permitió el desarrollo del maquinismo, de la producción manufacturera y del número de bienes puestos a disposición de la población. Pero también trajo consigo problemas sociales porque agudizó las diferencias de riqueza entre las clases sociales, puso de relieve las malas condiciones de vida y de trabajo del proletariado y provocó encendidos enjuiciamientos de todo el sistema capitalista que engendraba estos males. Su consecuencia social más importante fue que generó una nueva clase social: el proletariado. Su único bien era su fuerza de trabajo que vendían por un salario; como este era muy bajo, apenas si podían alimentarse o alimentar a su familia, malviviendo en pequeñas habitaciones sin luz ni aire; como las jornadas de trabajo eran muy largas, no les quedaba tiempo para instruirse y así tomar conciencia de su situación.


EL ANARQUISMO

Proudhon

     El anarquismo es una corriente filosófica que, aunque de orígenes muy antiguos, floreció en el siglo XIX y se manifestó también como una doctrina político-social. Anarquía quiere decir “sin poder”, “sin autoridad” y, por extensión, sin Estado. Es un movimiento que se opone completamente a toda forma de autoridad y reivindica la máxima libertad posible para el hombre. También se conoce a los anarquistas como libertarios. Los anarquistas están en contra de:
  • El Estado: los anarquistas entienden que el poder corrompe. Cualquiera sea el individuo o la clase social que asuma el poder y lo ejerza, se corromperá porque la autoridad supone la supremacía de unos hombres sobre otros. Como ese poder le posibilita imponer su voluntad, de hecho siempre hará uso de la prepotencia y el abuso.
  • La propiedad privada: son partidarios de la socialización de los medios de producción. Creen que la socialización de la propiedad traerá la prosperidad de todos.
  • Votos irrevocables: partidarios de la libertad individual, son contrarios a todos los votos irrevocables como el matrimonio (en la época no existía el divorcio). Todo compromiso que atara al hombre de por vida, impidiéndole manifestar libremente su voluntad, era rechazado como contrario a la naturaleza humana.
 Proponen:
  • La libertad humana: para ellos el hombre no es tal si no es libre; la libertad es la condición de su humanidad.
  • La revolución social: son partidarios de la revolución social que se daría de forma espontánea, naciendo naturalmente de las masas de la población, para destruir el Estado y la propiedad privada.

     Una de las formas de manifestación del anarquismo fue a través de “la propaganda por los hechos”. Esta fue una corriente terrorista que floreció a fines del siglo XIX. Consistía en realizar atentados políticos contra los principales personajes de un régimen para “despertar” al pueblo y crear un clima revolucionario que le permitiera a éste barrer con la sociedad burguesa.



LAS CORRIENTES SOCIALISTAS

            Todos los males que padecía la clase trabajadora llevó a que algunos sectores de las clases altas elevaran sus voces reclamando soluciones. De la burguesía y aún de la nobleza surgieron los primeros teóricos sociales y reformadores que criticaron ásperamente el sistema económico vigente y propusieron nuevas formas de organización social y económica. Se los llamó con el nombre genérico de SOCIALISTAS. 

  • El Marxismo
Karl Marx y Frederich Engels
      Es una de las corrientes socialistas más importantes por la incidencia que tuvo en su tiempo y por su influencia en las transformaciones del siglo XX. Sus creadores fueron Carlos Marx y Federico Engels.
      Marx estaba angustiado con la suerte de la clase obrera de su época; quiso estudiar las causas que producían su miseria, y para ello se internó en el estudio de la sociedad y de la economía que la engendraban. Llegó a la conclusión que la miseria del hombre no se solucionaba obteniendo mejoras en las condiciones de trabajo y en el salario, sino transformando la sociedad. Es decir, eliminando las condiciones económico-sociales que producían tales consecuencias y creando una nueva sociedad y una nueva economía donde “el hombre no fuera explotado por el hombre”.
      Marx sostiene que todas las sociedades se han dividido en grupos diferentes que luchan por la supremacía: “la historia de todas las sociedades hasta nuestros días es la historia de la lucha de clases. Hombres libres y esclavos, patricios y plebeyos, señores y siervos, en una palabra: opresores y oprimidos, se enfrentaron siempre (...) Nuestra época se distingue por haber simplificado las contradicciones de clase. Toda la sociedad va dividiéndose en dos campos enemigos, en dos grandes clases que se enfrentan directamente: la burguesía y el proletariado (...)”.
     La sociedad capitalista engendra a su propio enemigo (el proletariado); del enfrentamiento entre ambos surgirá la sociedad socialista. Marx cree que este desenlace será ineludible por las propias contradicciones de la sociedad capitalista. Esas contradicciones son que la producción es social (el grupo de obreros que trabajan en la fábrica) mientras la propiedad de los medios de producción (máquinas) y los beneficios que se obtiene de ella es individual (del dueño de la fábrica).

Algunos conceptos importantes:

  • Plusvalía: significa “mayor valor” y es tal vez, la idea más importante de Marx. Es la cantidad de trabajo no pagado al obrero que queda en beneficio del patrono. Según Marx, el obrero siempre produce un valor mayor al correspondiente a su salario. A ese “valor mayor” que produce pero no cobra y que queda en beneficio del patrón, a esa diferencia que hay entre el valor de los objetos que el obrero produjo y el valor del salario que recibió, Marx lo denomina plusvalía.

  • Concentración de capitales: cuanto más obreros tenga un patrón más plusvalía generará y más se enriquecerá. Cuanto más rica una empresa, mayor competencia podrá hacer a las más débiles, conduciéndolas a la ruina. Los pequeños comercios cerrarán y los pequeños propietarios se convertirán en obreros para vivir. Así la sociedad terminará polarizándose entre una minoría de muy ricos, dueños de todas las empresas y fábricas y una inmensa mayoría de muy pobres o proletarios.

  • Revolución social y dictadura del proletariado: esta lucha de clases llevará a la revolución social, o sea, al proletariado a tomar el Estado por la fuerza y establecer desde esa posición su dictadura. Haciéndose dueño del Estado, el proletariado utilizará su fuerza para expropiar a la burguesía y eliminarla como clase. Socializará entonces todos los medios de producción (tierras, máquinas, fábricas) y los convertirá en propiedad de toda la sociedad. Finalmente impondrá todas las condiciones para el establecimiento de una sociedad socialista. Esta nueva sociedad, no tendrá clases sociales, no habrá Estado (los hombres se auto-administrarán) y la humanidad se organizará en comunidades de producción y de consumo, donde todos trabajarán y todos consumirán el producto de ese trabajo.

Para ver un mapa conceptual del tema, pulsa AQUÍ


LIBERALISMO ECONÓMICO    
Adam Smith

El liberalismo económico reconoce sus antecedentes principales en la obra del economista escocés Adam Smith y de la escuela fisiocrática francesa, ambas del siglo XVIII. La fisiocracia sostenía que el fenómeno económico era un fenómeno “natural” y por lo tanto las leyes “naturales” de la economía debían desenvolverse libremente, sin la mínima intervención del Estado. Acuñó la famosa frase “laissez faire, laissez passer”, que resumía su posición favorable a la más amplia iniciativa individual en el campo económico, sin trabas impositivas o legales que estorbaran la actividad en ese terreno.
Coincidiendo con esas premisas y ampliándolas, Adam Smith postulaba la libre iniciativa individual impulsada por el afán de lucro, la libre competencia, que regularía la producción y los precios, y el libre juego del mercado, que se desarrollaría plenamente siempre que se respetaran esas leyes económicas naturales.
Los economistas liberales sostenían que una sociedad económica estaba integrada por productores individuales que aportaban sus productos y los intercambiaban con otros productores, compraban lo más barato posible y vendían al mejor precio que pudieran obtener. Era la teoría del intercambio de bienes en un mercado libremente competitivo en donde los precios se fijaban por la propia situación del mercado, sin ninguna intervención exterior. Cuando había demanda de un artículo, y por lo tanto, los precios eran altos, la producción aumentaba porque, guiados por su afán de lucro, los productores aprovechaban ese momento de auge. Esto llevaba a un exceso de producción, o sea de oferta, lo que hacía descender el precio del artículo ante su abundancia; los productores, entonces, disminuían su fabricación hasta que su relativa escasez obligaba a los consumidores a pagar más para conseguirlo. Nuevo aumento de precios, y nuevo incremento de la producción. Esas serían las “leyes naturales” de un mecanismo perfecto que avanzaba, se frenaba y regulaba solo, automáticamente, “naturalmente”. Si el Estado interviniera, alteraría esa armonía y destruiría el flujo natural de las leyes económicas. Por ello el estado debía limitarse a mantener el orden interno y la seguridad exterior, creando así las condiciones para un correcto desarrollo de las fuerzas económicas en plena libertad. Es el concepto típico del liberalismo económico del Estado como “juez y gendarme”: mantener las leyes internas, castigar a quien las viole, proteger las fronteras, pero no intervenir en absoluto en la vida privada de los ciudadanos, uno de cuyos aspectos es la actividad económica.

En el curso del siglo XIX estos conceptos se fueron precisando y ampliando hasta conformar totalmente la doctrina del liberalismo económico basada en estos principios:

  • Ley natural: la economía está reglada por leyes naturales, y en la medida en que esa economía se desarrolle libremente, sin trabas, será sana, natural, creadora de riquezas para todos los ciudadanos.
  • “Laissez faire, laissez passer”: propugnan la abolición de impuestos, reglamentaciones, monopolios y todo otro obstáculo jurídico o fiscal que entorpezca aquel libre desarrollo.
  • No intervencionismo: son enemigos de la intervención del Estado en la economía, asignándole solamente el papel de guardián del orden.
  • Libre empresa: son partidarios de la más completa libertad individual en el campo económico, creyendo que cada productor es el que mejor sabe cuánto le conviene producir y a qué precio le conviene vender. Su afán de lucro, su deseo de ganar en los negocios, lo llevarían a la prosperidad y junto con él se enriquecería toda la sociedad, porque el progreso colectivo está hecho de los progresos individuales.
  • Librecambio: aplicando estas ideas al comercio exterior, reclaman la abolición de las aduanas y la entrada y salida libre de trabas de todas las mercaderías.
  • Libre contrato: tanto el patrón como el obrero debían ponerse de acuerdo libremente sobre el contrato de trabajo y el salario. Partiendo del concepto de que todos los hombres son iguales, los liberales consideraban que nadie más que esas dos personas debía intervenir en la transacción, y menos que nadie el Estado.

Tomado de: Benjamín Nahum, “El pensamiento político y social del siglo XIX”; Ed. Kapelusz, 1972. Colección “Cuadernos de estudio nº 26”.